Mostrando entradas con la etiqueta inmigrantes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inmigrantes. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de junio de 2009

Rayos X para quitarse a los menores de encima.



Las pruebas radiológicas para la determinación de la edad se han convertido en un ‘filtro’ de menores extranjeros no acompañados, pese a tratarse de pruebas con un notable margen de error. En Cataluña, Asturias, País Vasco, Melilla o Madrid las pruebas radiológicas suponen una práctica habitual en la recepción de los menores extranjeros no acompañados.
Imaginemos un caso estándar: un menor se presenta en comisaría, la policía lo pone a disposición de la entidad tutelar de la Comunidad de llegada y, a los pocos días, tenga o no documentos, se le somete, a instancias del fiscal de Menores, a una prueba radiológica. Normalmente se utiliza el Atlas de Greulich y Pyle, con el que se compara la radiografía del menor con estándares resultantes de un muestreo de población.
Forenses de reconocido prestigio, como José Luis Prieto Carrero, del Instituto Anatómico Forense de Madrid, cuestionan la exactitud de estas pruebas y establecen, además, la necesidad de una previa identificación y de una entrevista con el menor que permita establecer variables que afectan a su constitución. Sin embargo, la identificación suele restringirse a la prueba radiológica: si de la misma resulta que es mayor de edad, se le niega el amparo.
Más información

domingo, 15 de marzo de 2009

Italia: Racismo de Estado. ¿Y España?


Eloy Cuadra Pedrini

Mucho se ha comentado en las últimas semanas sobre Italia y la deriva ultraconservadora que está tomando este país en materia de libertades y derechos humanos. Les vendrá a la mente el nombre de Eluana –descanse al fin en paz- pero no es de ella de quien quiero hablarles, quiero hablar de los que no tienen nombre –por el título del artículo ya imaginarán-, gli immigrati irregolari, los no-personas, los inmigrantes. El 23 de mayo de 2008, Berlusconi aprobó por decreto un texto sobre “Medidas urgentes en materia de Seguridad Pública”, del cual a España ha llegado como algo sorprendente el precepto que permite a los médicos italianos denunciar ante las autoridades a los inmigrantes irregulares a los que atiendan. Pero es que hay más, mucho más.
El inmigrante irregular que sea detenido en Italia pasará irremediablemente a un CIE (allí se llaman Centros de Identificación y Expulsión) durante 60 días, le será impuesta además una multa que oscilará entre los 5.000 y los 10.000 euros y, si después de eso aún sigue sin obedecer la orden de expulsión, podrá ser encarcelado durante cuatro años. Se establece el agravante penal de ser inmigrante irregular para cualquier delito que se cometa. Los inmigrantes irregulares sin domicilio fijo no tienen derecho a ser inscritos en el padrón municipal: para ellos se prevé una lista específica de vagabundos donde sí estarán registrados por seguridad. Paradójicamente, hay otra norma en ese decreto que impide a los inmigrantes irregulares acceder a una vivienda, con lo cual difícilmente van a poder ser empadronados. Y, si les quedaba un último recurso (dar el domicilio de algún italiano solidario u otro extranjero residente), ya se encargó el mencionado decreto de no dejar ningún cabo suelto, castigando severamente a quienes ayuden a los inmigrantes irregulares. Eso sí, de los empresarios que viven de la economía sumergida a costa de explotar a inmigrantes sin contrato nada dice el decreto.
El inmigrante irregular en Italia se ve así abocado a la más absoluta clandestinidad, a malvivir abandonado por todos en el inframundo de las ciudades. Pero el mencionado decreto no se queda ahí, también impone la obligatoriedad de mostrar documento de identidad o permiso de residencia para acceder a la mayoría de servicios civiles (enviar una remesa de dinero, inscribir a un hijo en un colegio o algo tan simple como entrar a un locutorio).
El inmigrante irregular queda de esta manera excluido totalmente de la vida de las personas; se impone su caza y, sin derecho a nada, deberá marcharse, hacerse invisible o vivir donde viven los no-humanos, las alimañas, los animales, en el bosque, en la campiña, entre las bestias: disculpen si les parece algo fuerte esta comparación, me ha surgido espontáneamente.
Pero el cerco al inmigrante no se limita a los “sin papeles”. También se preocupa la nueva norma de los extranjeros con permiso de residencia, para los que aumentan las tasas que deben pagarse por cualquier trámite; se complican los requisitos para acceder a la residencia o a la reagrupación familiar; se prevé un futuro permiso por puntos, con contrato de integración; se abre una puerta continua a la irregularidad sobrevenida, con unos plazos abusivos o demasiado cortos, y se les castiga con elevadas multas y hasta la pérdida de la libertad por algo tan simple como no mostrar el permiso de residencia (aún teniéndolo) cuando sean requeridos para ello.
Y esto, todo esto, está sucediendo en Italia, el mismo país de la “democrática” Europa que ha ratificado la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea como texto de referencia en cuyo artículo 1º se dice: la dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida.
Sólo entiendo una manera de que Italia cumpla con esta Carta: privando a los inmigrantes irregulares de su condición humana y concluyendo lógicamente que carecen de dignidad. Casualmente, en España también han sido noticia reciente los cupos mensuales de detención de “sin papeles” en Madrid, y mientras escribo este artículo nuestro Gobierno “socialdemócrata” prepara modificaciones en la Ley de Extranjería para castigar también aquí a los que ayuden a los inmigrantes irregulares, y aumentar a 60 los días de encierro en un CIE.
Son demasiados paralelismos, que deberían darnos qué pensar: tal vez italianos y españoles no estemos tan alejados. Lo dice uno que es medio español y medio italiano, poco orgulloso de serlo pero… no me dieron a elegir.

sábado, 27 de diciembre de 2008

El inmigrante y su rostro


Eloy Cuadra Pedrini


Aunque debiera empezar por el ser humano, y su rostro… ¿Qué es? Acaso la parte del cuerpo más desnuda, la más expuesta, inaccesible, altiva y vulnerable a la vez, pero también la que nos hace especiales, únicos, inconfundibles, el espejo de nuestra alma. Cierto, a través del rostro conocemos a los otros, por el rostro somos capaces de enamorarnos, el rostro es la puerta de entrada a nuestra condición de seres humanos. Pero hay más, porque en él están también las arrugas y las cicatrices de un pasado que nos acompaña, por él le sonreímos a la vida, en él lloramos, a través de él exclamamos cuando tenemos miedo, el rostro es la evidencia de la miseria y la indefensión humana. No hay relación si no hay rostro, no hay empatía sin él, no hay compromiso si no vemos. No despertamos a la realidad de los peligros que acechan a nuestros hijos hasta que no le pusimos rostro y nombre a Yeremy o a Sara; no nos revelamos contra la barbarie del hombre que pega a una mujer hasta que no empezamos a ver unos ojos hinchados a los golpes o una cara desfigurada por el ácido.
Para el inmigrante, en cambio, para ese al que llaman “ilegal”, no hay rostro, no hay nombre, no hay historia, son sólo datos, estadísticas, “objetos”. Pero... ¿por qué nos están privando de su rostro?, ¿quién lo decide?, ¿por qué están ahí al lado, en nuestras ciudades, en Madrid, en Barcelona, en Málaga, en Algeciras, en Las Palmas de Gran Canaria o en Santa Cruz de Tenerife, encerrados en esos centros donde nadie puede verlos? He reflexionado largo sobre ello, y cada minuto que pasa lo tengo más claro: si pudiéramos mirarlos a la cara un instante todo cambiaría, ya nada volvería a ser igual para nosotros, como no volvió a ser mi existencia igual después de haberme enfrentado al rostro de aquel inmigrante que se ahogaba, y aterrado, con la desesperación del que sabe que va a morir me gritaba en un francés agónico “s´il vous plaît, s´il vous plaît!”, para que no le soltara la mano. No sé dónde andará pero sí sé que no murió aquella noche, no murió porque yo acudí a su llamada: me había mirado, habíamos enfrentado nuestros rostros, no podía hacer otra cosa. Gracias a aquel inmigrante hoy soy mucho más feliz. Así es, así suele ser cuando aún queda algo de humanidad dentro. Le ocurre hasta a los asesinos, muchos de ellos, muy acostumbrados a matar, prefieren no mirar nunca a sus víctimas a los ojos, para evitar que a la noche, al dormir, le visiten los demonios del remordimiento. Y esa misma mirada que interpela al sicario y le dice “¡no me mates, por favor, te lo suplico!”, está ahí, al otro lado de esos muros a los que llaman CIEs, suplicándonos que hagamos algo por ellos. Así, les traslado a ustedes la pregunta que yo ya respondí: ¿Qué pasaría si tuviéramos la posibilidad de entrar en esos centros para enfrentarnos a su rostro, nosotros los ciudadanos del primer mundo?; ¿qué ocurriría si de repente ese extranjero dejara de ser el Otro sin atributos, el Extraño, el Peligroso, y pasara a ser Sony, de 23 años, un joven nigeriano que perdió a sus padres a los 15, que soñaba con ser futbolista, que hace tres años que salió de su tierra, al que han pegado, engañado y robado en el desierto, que vio morir ahogado a su mejor amigo y ahora malvive encerrado entre cuatro paredes esperando ser devuelto a la nada? Estoy seguro de que a muchos –como a mí- os cambiaría la vida, y acudiríais a su llamada desesperada.
Pero aquí precisamente radica el problema: no es fácil enfrentarse al rostro desnudo y desvalido del extranjero, pues ello implica remover, despertar, incomodar nuestra conciencia durmiente hasta un punto que tal vez nos llevara sin remedio a hacernos responsables de él, del mismo modo que nos hacemos responsables de una anciana que se ha caído o de un niño que llora porque ha perdido a sus padres. Llegado hasta aquí, me viene a la memoria esa célebre cita erróneamente atribuida a Brecht que rezaba tal que así: "primero vinieron a buscar a los comunistas, y no dije nada porque yo no era comunista. Después vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Después vinieron por los judíos, y me callé porque no era judío. Al final también vinieron a buscarme, pero ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí". Creo que es hora de que alejemos el temor de enfrentarnos a sus rostros, para empezar a hablar por ellos. Quizás no sea demasiado tarde: hoy mismo hemos sabido que el Gobierno de Zapatero prepara una reforma de la Ley de Extranjería que al fin permitirá a las ONGs entrar en los CIEs: y, a través de ellas, a nosotros los ciudadanos.

domingo, 16 de noviembre de 2008

¿Delinquen los menores extranjeros en Canarias?

Las cifras son elocuentes: del total de 695 menores condenados en 2007, 592 eran españoles, mientras que apenas 41 procedían de África y 21 de América. La mayoría de estos jóvenes, no obstante, cometieron una sola infracción penal, y menos de un 10% reincidió.
Así lo pone de manifiesto la Estadística de Menores que el Instituto Nacional de Estadística ha dado a conocer recientemente, a partir de la información del Registro de Responsabilidad Penal del Menor, cuya titularidad corresponde al Ministerio de Justicia.

Manuel Ferrer Muñoz
Más información

sábado, 1 de noviembre de 2008

Los jovenes y la inmigracion

Esta nueva sección se concibe como un espacio para jóvenes, que sirva de vía de expresión y de cauce para las sugerencias que quieran presentar. Iremos recogiendo ensayos, propuestas, comentarios, críticas… Un objetivo complementario es propiciar el hermanamiento epistolar a través de la conexión por medio de Internet con chicos de la misma edad residentes en países extranjeros.Las personas que deseen enviar textos, aportar sugerencias o establecer intercambio epistolar con muchachos de otros países pueden servirse de la dirección electrónica de contacto de la web o del e-mail del Centro Europeo de Estudios sobre Flujos Migratorios: cemigras@gmail.com.Abrimos la sección con un breve ensayo de Rafael Barbero Ferrer, de 2º de Bachillerato del Colegio Heidelberg de Las Palmas de Gran Canaria.